Quisiera Estar Seguro: Bucay a su Hija

Jorge Bucay escribió esto para su hija Claudia, pero cualquiera que lo lea sabe que no es solo para ella. Es una lista de todo lo que un padre querría haber logrado antes de que sea tarde para decirlo. No es un texto sobre reglas. Es sobre lo que de verdad importa cuando uno deja de pensar en la crianza como obligación y empieza a pensarla como legado.

Lo notable no es la extensión de la lista. Es lo que falta en ella: no hay una sola mención al éxito, a las notas, a lo que el mundo espera de un hijo. Todo lo que Bucay quiere haberle enseñado a Claudia es, en el fondo, una sola cosa dicha de treinta formas distintas: que se pertenezca a sí misma.

Quisiera estar seguro

Quisiera estar seguro…

«Quisiera estar seguro de haberte enseñado…»

A disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufres,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amigo de ti mismo,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta que mereces ser querido,
a hablar a los demás amorosamente,
a decir o callar
según tu conveniencia,
a quedarte con el beneficio
de tus éxitos,
a amar y a cuidar el pequeño niño que hay en ti,
a superar la adicción de la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a ser consciente de tus sentimiento y actuar en consecuencia,
a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque creas que es tu obligación,
a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin enojo,
a no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otro,
a decir que sí, sólo cuando quieras y decir que no sin culpa,
a vivir en el presente, a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus creencias,
a trabajar para sanar tus heridas viejas y actuales,
a tratar y exigir ser tratado con respeto,
a llenar primero tu copa y, después, la de los demás,
a planear para el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias entre los sexos,
a desarrollar relaciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a aceptarte así como eres,
a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mí, menos que a nadie».

Autor: Jorge Bucay

Hay una frase, casi al final, que resume todo lo anterior: «a no idolatrar a nadie, y a mí, menos que a nadie». Ahí está el gesto más generoso de un padre: enseñarle a un hijo a no necesitarlo. No para alejarlo, sino para que su amor no dependa de la presencia de nadie, ni siquiera de la propia.

Criar, en el fondo, es eso: prepararlos para el día en que ya no vamos a estar ahí para responder.

Scroll al inicio