Relato de un campeón: la verdadera fuerza de levantarse

El cansancio también forma parte de cualquier desafío que importe. Quien persigue algo difícil va a conocer la duda, el miedo y esos momentos en los que continuar parece mucho menos atractivo que abandonar.

Por eso la imagen del campeón que propone César Guzmán se aleja bastante de la figura invencible. Su protagonista conoce sus límites, tropieza, llora, se queda sin fuerzas y aun así vuelve a ponerse de pie.

La diferencia no está en evitar las derrotas. Está en lo que hacemos después de ellas.

Relato de un campeón

Triunfador es aquel que no retrocede ante las adversidades de la vida,
ni inclina la cabeza ante los que pretenden humillarlo.

Es el que avanza con paso rápido y seguro
por caminos difíciles
e ignora las señales de cansancio y las tentaciones de regresar a la comodidad.

Es el que no vive de fantasías,
ni pasa por alto sus limitaciones,
pero se pone metas altas,
porque confía en sus capacidades.

Es el que cae una y otra vez,
para levantarse con más energías;
llora en ocasiones y siente que sus piernas no aguantan más,
pero jamás se rinde.

¡Triunfador es el que piensa, sufre, goza y permanece constante en su lucha!

Autor: Cesar Guzmán

También resulta valioso que el texto no confunda perseverancia con fantasía. Tener grandes metas no significa ignorar nuestras capacidades reales. Significa conocerlas, trabajar sobre ellas y animarnos a apuntar un poco más lejos de lo que hoy creemos posible.

El triunfo, entonces, deja de ser un momento de llegada y se convierte en una manera de atravesar el camino.

Hay días de entusiasmo y días de agotamiento. Momentos de certeza y otros en los que apenas queda voluntad para dar un paso.

El campeón también conoce esos días.

Su victoria consiste en no dejar que sean ellos quienes escriban el final.


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