Hay relaciones que no terminan de un día para otro. Antes de la despedida aparecen pequeñas señales: las conversaciones se acortan, las caricias dejan de ser frecuentes, las miradas ya no duran lo mismo y aquello que alguna vez parecía natural comienza a requerir un esfuerzo.
Qué lástima, interpretada por Alejandro Fernández, se instala justamente en ese momento previo a la ruptura. No habla solamente del final, sino de la conciencia de que algo se está perdiendo y todavía existe la posibilidad de intentar salvarlo.

Qué lástima
De un tiempo acá
no todo va muy bien,
ya empiezan a faltarnos
las palabras.
Nos falta que nos demos más amor
caricias con pasión,
miradas largas.
De un tiempo acá
no todo va muy bien
no creas que quiero hacer
triste esta charla.
Sólo quiero evitar
ser yo después
quien tenga que decir
que lastima…
Qué lástima,
se nos murió el amor
sólo queda el dolor
del alma
Qué lastima,
ya nada puedo hacer
hoy tengo que entender
que pude haber hecho más
y hoy no nos queda más…
Qué lástima…
No todo va
como quieres lo se,
perdóname que insista
con lo mismo,
Pero es que entre tú y yo
hay un abismo,
creo que tu amor y el mío
no se llevan bien.
De un tiempo acá
no todo va muy bien
no creas que quiero hacer
triste esta charla.
Sólo quiero evitar
ser yo después
quien tenga que decir
qué lástima…
Qué lástima,
se nos murió el amor
sólo queda el dolor
del alma.
Qué lástima,
ya nada puedo hacer
hoy tengo que entender
que pude haber hecho más
y hoy no nos queda más…
Qué lástima,
se nos murió el amor
sólo queda el dolor
del alma.
Qué lástima,
ya nada puedo hacer
hoy tengo que entender
que pude haber hecho más
y hoy no nos queda más…
Qué lástima…
Qué lástima…
Autor: Alejandro Fernandez
Uno de los dolores más difíciles de aceptar es el de mirar hacia atrás y pensar que podríamos haber hecho algo diferente. La frase “pude haber hecho más” concentra buena parte de esa tristeza: no solo se pierde una relación, también queda la pregunta por todo aquello que no dijimos, no hicimos o dejamos para después.
Pero reconocer que un vínculo se está apagando también puede ser una oportunidad. Hablar a tiempo, escuchar de verdad, recuperar la cercanía o admitir que algo no está funcionando requiere honestidad.
Porque algunas despedidas llegan cuando ya no queda nada por reparar. Otras empiezan mucho antes, en esos pequeños silencios que decidimos ignorar.
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