Una idea puede abrir una puerta o cerrarla de golpe. Puede despertar curiosidad, provocar una pregunta y dejar a alguien pensando durante días; también puede convertirse en una imposición que no deja espacio para que el otro piense por sí mismo.
La metáfora de este texto resulta poderosa porque pone el foco no solamente en lo que comunicamos, sino en la manera en que lo hacemos. Una misma idea puede ser utilizada para vencer una discusión o para despertar algo en otra persona.
Sembrar requiere paciencia. No permite controlar cuándo aparecerá el primer brote ni decidir exactamente qué forma tendrá aquello que crezca. Mucho menos garantiza que alguien recuerde quién puso la semilla en la tierra.
Y ahí aparece la parte más difícil: renunciar al reconocimiento.

Balas o Semillas
Uno puede ofrecerle sus ideas a otros
como balas o como semillas.
Puede dispararlas, o sembrarlas;
pegarle en la cabeza a la gente con ellas,
o plantarlas en sus corazones.
Las ideas usadas como balas
matarán la inspiración
y neutralizarán la motivación.
Usadas como semillas, echarán raíces,
crecerán y se volverán realidad
en las vidas en las que fueron plantadas.
El único riesgo en usarlas como semillas:
una vez que crece
y se convierte en parte de aquellos
en quienes fueron plantadas,
es probable que nunca te reconozcan el mérito
de haberlas ideado.
Pero si uno esta dispuesto a prescindir
del crédito…
recogerá una rica cosecha.
Autor: Anónimo
Una enseñanza realmente compartida deja de pertenecernos en cuanto encuentra otro pensamiento que la transforma, otra experiencia que la modifica o una vida que consigue llevarla más lejos de lo que nosotros imaginábamos.
Las mejores ideas no siempre llevan firma. Algunas simplemente crecen.
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