Hay un miedo que casi nunca nombramos porque suena raro admitirlo: el miedo a ser demasiado. No al fracaso, sino al éxito. No a la oscuridad, sino a la propia luz, cuando esa luz obliga a ocupar un lugar que preferiríamos no ocupar.
Este texto va directo a ese lugar incómodo. No pregunta por qué no confiás en vos. Pregunta, con una vuelta de tuerca simple y filosa, quién sos para no brillar.

Ser
Sé Fuente…
Es nuestra luz,
no nuestra oscuridad la que más asusta.
Nos preguntamos a nosotros mismos,
¿Quién soy yo para ser brillante,
extraordinariamente talentoso, magnífico?.
En realidad,
¿Quién eres tú para no serlo?
Autor: Marianne Williamson
Achicarse no protege a nadie. Solo confirma un miedo que, en el fondo, ya sabíamos que no tenía sentido. La pregunta que deja este texto no es retórica: si tu luz no sirve para iluminar a otros, ¿para qué la estás guardando?


