Hay una épica escondida en lo cotidiano: la de todas las veces que no abrimos una puerta, no dijimos una palabra, no dimos el paso, solo porque no sabíamos qué había del otro lado. Este texto no promete que el riesgo va a salir bien. Promete algo más honesto: que no arriesgar tiene su propio costo, uno que no se ve hasta mucho después.

Escucha
Escucha,
Nunca sabes si dirán las palabras justas que estabas esperando.
Abre,
Nunca sabes si será la persona que siempre soñaste.
Despierta,
Nunca sabes si ese día cambiará el resto de tu vida.
Habla,
Nunca sabes si tus palabras despertarán sentimientos en personas insospechadas.
Cambia,
Nunca sabes si el nuevo camino te traerá nuevas alegrías.
Analiza,
Nunca sabes si la situación que te acongoja,
está disfrazada de oportunidad.
Arriesga,
Nunca sabes si tus movimientos audaces,
serán el comienzo de una cadena de éxitos notables.
Camina,
Nunca sabes si tus huellas,
serán el camino que sigan aquellos que confían en ti.
No hay garantías en ninguno de estos versos. Solo una certeza incómoda: lo que no intentás, nunca vas a saber en qué se hubiera convertido. A veces el coraje no es saber que algo va a funcionar. Es actuar sin esa certeza.


