La Madre No Muere y la inmortalidad del amor materno

En la sección de Hogar de Elixires para el Alma, compartimos la conmovedora obra «La Madre No Muere» de Zenaida Bacardí de Argamasilla. Este poema se ha convertido en un auténtico bálsamo para quienes atraviesan el duelo por la pérdida de una madre. Es un testimonio profundo sobre la certeza espiritual de que el amor incondicional materno es eterno y trasciende la frontera de la vida. A través de versos llenos de esperanza, la autora nos asegura que lo esencial permanece: «Puede morir la nota, no la melodía; la lengua, pero no el eco». El poema es un recordatorio poderoso de que el vínculo más puro se mantiene en las caricias del rocío y las bendiciones que bajan en forma de estrellas. Si buscas consuelo ante la pérdida de un ser querido o la confirmación de que el vínculo materno jamás se rompe, este es un refugio de paz.

La madre no muere

La Madre No Muere

A mis hijos…

La vida no acaba de golpe.

Porque queda la huella, queda el latido que dejamos,
queda todo lo que fuimos, en otros que serán.

Intenté mucho más de los que les dejo.

Ni en la tierra ni en el cielo
quedará un resquicio de alma que no sea para ustedes.

Yo que conozco lo que siento, sé que lo he dicho muy mal,
pero Dios, a su lado, me hará expresar mejor.

Aunque mi cuerda quede con el canto trunco,
estaré entre ustedes.

Porque puede morir la nota, no la melodía;
la lengua, pero no el eco; las manos, pero no las plegarias.

Mi canto vivo, mi eco largo, mis alas acogedoras no faltarán.
Aunque al irme parezca un pájaro con llanto.
Si en el cielo el amor no se seca, es que en verdad la madre no muere.
Su amor seguirá en alguna forma tras los hijos.
Rodarán lágrimas cuando ustedes lloren,
aunque tengan que bajar en estrellas.

Sonreiré cuando lo necesiten,
aunque sea entre las rendijas del sol, al atardecer.

Mis manos no podrán irse. Imposible. Las caricias vendrán con el rocío,
su impaciencia las hará bajar antes que el sol.

Mis dedos abiertos serán hebras de luna que les harán tibia la sombra.

Y cuando llegue la noche, manto de descanso,
yo prenderé luceros donde estoy segura de que me reconocerán.

No lloren, porque no me iré.
En ninguna región que me encuentre se acostarán sin besarme.
Y sin saber que los bendigo.

Autor: Zenaida Bacardí de Argamasilla

Imagen: Thomas Leuthard

Si te has sentido identificado con la fuerza de estos versos, te invitamos a explorar más poesías que abordan el amor eterno y la esperanza en nuestra sección de Hogar de Elixires para el Alma. «La Madre No Muere» es un recordatorio constante de que la huella de quien nos dio la vida nunca se borra. Compartir este poema de consuelo es una forma de mantener vivo ese latido incondicional que trasciende toda barrera.

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