John Kipling murió en la batalla de Loos, en 1915, dos años después de que su padre escribiera este poema para él. Tenía dieciocho años. Rudyard había movido influencias para conseguirle un lugar en el ejército pese a su miopía severa, quería que su hijo fuera parte de algo grande, y después pasó el resto de su vida buscando su cuerpo, que nunca apareció.
Eso no está en el poema. Pero está debajo.
«Si tu puedes» se lee distinto sabiendo que las palabras «serás hombre, hijo mío» las escribió un padre que todavía no sabía que la guerra se lo iba a llevar. No es un poema sobre cómo triunfar. Es un padre tratando de dejarle a su hijo una armadura hecha de carácter, la única que podía fabricar con las manos que tenía.
Si tu puedes
Si puedes mantener intacta tu firmeza
cuando todos vacilan a tu alrededor
Si cuando todos dudan, fías en tu valor
y al mismo tiempo sabes exaltar su flaqueza
Si sabes esperar y a tu afán poner brida
O blanco de mentiras esgrimir la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad
Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey
Si piensas y el pensar no mengua tus ardores
Si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
y los tratas lo mismo como dos impostores.
Si puedes soportan que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados.
O mirar hecha trizas tu adora quimera
y tornar a forjarla con útiles mellados.
Si todas tu ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar.
Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice adelante.
Si entre la turba das a la virtud abrigo
Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo
Si marchando con reyes del orgullo has triunfado
Si eres bueno con todos pero no demasiado
Y si puedes llenar el preciso minuto
en sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita
y lo que es más serás hombre hijo mío….
Autor: Rudyard Kipling

Hay legados que se heredan y legados que hay que construir cada día, con las manos vacías. Kipling no le dejó a su hijo certezas. Le dejó una lista de condiciones, si esto, si aquello, porque sabía, quizás sin decírselo, que la vida no viene con garantías.


