Resolver conflictos: cómo discutir sin destruir una relación

Discutir no es necesariamente el problema.

El verdadero problema aparece cuando dejamos de intentar resolver algo y empezamos a intentar ganar.

Una diferencia de opinión puede terminar en una conversación enriquecedora, en una nueva perspectiva o incluso en una relación más sólida. Pero también puede convertirse, en cuestión de minutos, en una colección de palabras dichas demasiado rápido, reproches acumulados y heridas que después resultan mucho más difíciles de reparar que el motivo que originó la discusión.

Resolver conflictos requiere algo bastante más difícil que tener razón: aprender a manejarnos cuando estamos enojados.

Las estrategias que propone este texto parten de una premisa sencilla: detrás de cada desacuerdo hay personas, y ninguna discusión debería hacernos olvidar ese detalle.

Resolver Conflictos

Resolver conflictos

Manténte fresco cuando otros estén furiosos y pierdan la cabeza. Tú tienes el control sobre tus emociones, no lo pierdas. No se trata de no demostrar tu molestia, sino de hacerlo mesuradamente, sin después arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol.

Recuerda que cada discusión tiene al menos tres puntos de vista: el tuyo, el del otro y los de terceros, los cuales probablemente están más cerca de la objetividad. Siendo más versátil y viendo las cosas desde la perspectiva de los demás enriquecerás tu propio punto de vista.

Espera a calmarte antes de hablar. Ten en cuenta que la relación es más importante que la discusión. Dale más relevancia a las personas que a las opiniones.

Trata a toda persona con la cual tengas contacto como si fuera un pariente rico, de quien esperas ser incluido en su testamento. Nunca te arrepientas de tratar muy bien a la gente. Es el mejor negocio en todos los sentidos.

Busca el lado positivo y agradable, aun de las situaciones más complicadas y dolorosas. Es una disciplina que te ayudará a pasar más fácilmente los momentos difíciles, y a convertir los problemas en oportunidades.

Establece el hábito de hacer preguntas y, sobre todo, de escuchar las respuestas. Pregunta antes de reaccionar. Algunas veces disparamos y después preguntamos. También preguntamos, pero escuchamos para contestar, y no para tratar de entender.

No hagas o digas nada que pueda herir o hacerle daño a otra persona. Aferrate al proverbio que dice que todo lo que uno haga, se devolverá. La gente no recuerda tanto lo que tú dices o haces, sino la intención con la que lo haces.

Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.

Ten presente que si toleras a los demás, ellos también serán pacientes contigo en los aspectos no muy gratos de tu personalidad.

El verdadero líder sabe reconocer sus errores y aceptar responsabilidad. No olvides que un conflicto bien manejado fortalece la relación, y te ayuda a aprender de las diferencias.

El pensamiento positivo es una disciplina que, ejercitada con constancia, te dará el poder de cambiar tu entorno y por consiguiente, tu vida.

Estrategias de Napoleón Hill
Divulgadas en su libro «La magia de pensar en grande»

Una discusión termina en algún momento. Lo que queda después depende, en buena medida, de cómo decidimos atravesarla.

Podemos salir de ella con una victoria momentánea y una relación deteriorada, o con una diferencia que todavía existe pero sin haber convertido al otro en un enemigo.

No siempre vamos a reaccionar bien. Vamos a equivocarnos, levantar la voz, interpretar mal, decir cosas que después quisiéramos borrar. Somos humanos. La clave está en reconocerlo antes de que el orgullo nos convenza de que retroceder es una derrota.

Escuchar de verdad también implica aceptar que quizá no tengamos toda la razón. Pedir disculpas no nos hace débiles. Cambiar de opinión tampoco. Y admitir un error puede requerir mucho más coraje que sostenerlo hasta el final.

Al final, resolver un conflicto no consiste necesariamente en conseguir que dos personas piensen igual.

Consiste en conseguir que puedan pensar distinto sin destruirse en el intento.

Porque hay discusiones que se olvidan con el tiempo.

Las palabras que elegimos para atravesarlas, en cambio, pueden permanecer mucho más.


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