El cansancio que no cabe en el sueño

Hay un maestro zen que decía: «No puedes ver tu reflejo en agua que corre. Solo en agua quieta.»

Así es la mente hoy. Corre todo el día, de una noticia a otra, de una vida ajena a otra, de una alarma a otra, y después le pedimos que descanse en ocho horas de sueño. Pero un río no se aquieta apagando la luz. Se aquieta cuando deja de correr.

El cansancio que no cabe en el sueño

Un cansancio que no es del cuerpo

El cansancio que sentís no es del cuerpo. Es de un agua que nunca para de moverse. Dormís las horas que corresponden, comés lo que corresponde, y aun así hay algo que no se repone. Eso que falta no está en el cuerpo: está en la mente, que sigue corriendo aunque el cuerpo esté quieto en la cama.

Esto tiene un nombre menos poético: sobreestimulación. Cada notificación, cada scroll, cada noticia a medio leer es una gota más en el río. Ninguna pesa por sí sola. Juntas, no dejan que el agua se quede quieta ni un instante.

Lo que el descanso verdadero no es

No es una serie nueva. No es otro scroll, aunque sea de contenido «relajante». No es tampoco una semana de vacaciones si te la pasás mirando el teléfono desde otra playa.

El descanso verdadero tiene una condición que casi nunca cumplimos: silencio real. No el silencio de un cuarto sin ruido, sino el silencio de una mente sin estímulo. Ese es el que falta. Y por eso el cuerpo puede dormir ocho horas y despertarse igual de cansado: durmió el cuerpo, no la mente.

Ser, por un rato, el agua quieta

No hace falta huir a una montaña. Hace falta, por un rato, ser el agua quieta.

Eso puede ser una hora sin pantalla. Puede ser caminar sin música ni podcast, solo con lo que hay alrededor. Puede ser comer sin mirar nada más que el plato. Ninguna de estas cosas es una técnica de productividad. Son formas simples de dejar que el agua deje de correr.

Hoy no busques descansar. Busca detenerte.


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