Ingredientes de la felicidad, la armonía de vivir

Nadie recibe una vida terminada. La vamos armando con aquello que hacemos con lo que nos toca: lo que damos, lo que aceptamos, aquello que perdonamos, los sueños que todavía nos permitimos imaginar y hasta las heridas que terminan enseñándonos una resistencia que desconocíamos.

Pensar la felicidad como una receta puede parecer una simplificación, pero este texto hace algo más interesante: reúne ingredientes que, por separado, no alcanzan. Compartir sin amar sería insuficiente. Amar exigiendo algo a cambio puede convertirse en dependencia. Perdonar sin haber atravesado el dolor sería apenas una palabra. Soñar sin actuar puede convertirse en una forma elegante de permanecer inmóviles.

La felicidad necesita cierta armonía entre todas esas partes. Una medida de optimismo para atravesar lo difícil, una porción de imaginación para no resignarnos a lo que existe, raíces profundas para resistir los golpes y, sobre todo, la disposición a comprender que la vida también necesita recibir algo de nosotros.

Ingredientes de la felicidad

Ingredientes de la felicidad

Compartir lo que tienes.
Amar sin exigencias.
Perdonar sin cicatrices.
Aceptar sin perfecciones.
Agradecer lo que te dan.
Y no rendirte ¡nunca!

Todo tiene que ir armonizando:
Del panal, un poquito de miel.
Del mar, un poquito de sal.
De la vida, un toque de optimismo.
De la imaginación, sueños.
Del dolor, raíces fuertes.

No somos felices porque no sabemos quizá
cómo llenar nuestra copa,
porque esperamos que la vida nos regale…
pero le no damos a la vida lo que podemos darle.


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