Comenzar un año nuevo suele llenarnos de deseos. Hacemos planes, imaginamos cambios y pensamos en todo aquello que quisiéramos alcanzar durante los meses que tenemos por delante. Pero José María Pemán propone otra clase de comienzo: no pide que cambie el mundo que lo rodea, sino la mirada con la que habrá de contemplarlo.
Pedir asombro puede parecer extraño cuando estamos acostumbrados a pedir certezas. Sin embargo, volver a sorprendernos frente a una flor, una mañana, el río o una estación que regresa significa recuperar algo que la rutina suele desgastar: la capacidad de encontrar belleza donde siempre estuvo.

Oración de Año Nuevo
SEÑOR
Para este día
de año nuevo te pido
antes que la alegría,
antes que el gozo claro y encendido,
antes que la azucena
y que las rosas,
una curiosidad ancha y serena,
un asombro pueril frente a las cosas…
Quiero que ante el afán de mi mirada,
enamorada y pura,
todo tenga un misterio de alborada
que me deslumbre a fuerza de blancura.
Quiero ser el espejo con que el río
convierte en gozo nuevo la ribera:
quiero asombrarme del estío
y enamorarme de la primavera.
Señor y Padre mío:
dame el frescor de esta pradera llana,
riégame del rocío
de tu mejor mañana.
Hazme nuevo, Señor,
y ante el cielo, y los campos y la flor,
haz que mi asombro desvelado diga:
Señor… ésta es la rosa, ésta es la espiga…
¡y esto que llevo dentro es el amor!
Autor: José María Pemán · (1898-1981)
Tal vez un año nuevo también pueda comenzar de esa manera. No intentando convertirnos en alguien completamente distinto, sino recuperando la sensibilidad para descubrir aquello que todavía nos conmueve.
Porque cuando volvemos a mirar con asombro, lo cotidiano deja de ser invisible. Y quizá sea entonces cuando comprendemos que, detrás de tantas cosas que buscamos afuera, también estaba esperando ser reconocido algo que ya llevábamos dentro: el amor.
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