Una persona puede pasar mucho tiempo siendo la que anima, acompaña, escucha y sostiene. Se acostumbra a ofrecer una palabra cuando alguien la necesita, a tender una mano cuando otro tropieza y a buscar un poco de luz incluso en los días más grises.
Pero hasta quienes parecen fuertes tienen momentos en los que necesitan que alguien haga lo mismo por ellos.
Esa es la vuelta más humana que propone este texto. Su voz promete seguir creyendo, amando, construyendo y sembrando aun cuando alrededor parezca suceder exactamente lo contrario. No porque ignore la oscuridad, sino porque decide no convertirse en parte de ella.
Y, sin embargo, hacia el final aparece una confesión inesperada: también quien sostiene puede quebrarse.
Entonces ya no alcanza con pedirle que siga. Hay que acercarse.

Seguiré
Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza.
Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio.
Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan.
Voy a seguir hablando de paz, aún en medio de una guerra.
Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad.
Y seguiré sembrando, aunque otros pisen la cosecha.
Y seguiré gritando, aún cuando otros callen.
Y dibujaré sonrisas, en rostros con lágrimas.
Y transmitiré alivio, cuando vea dolor.
Y regalaré motivos de alegría donde sólo haya tristezas.
Invitaré a caminar al que decidió quedarse.
Y levantaré los brazos a los que se han rendido.
Porque en medio de la desolación, siempre habrá un niño que nos mirará esperanzado, esperando algo de nosotros.
Y aún en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el sol; y en medio del desierto, crecerá una planta.
Siempre habrá un pájaro que nos cante, un niño que nos sonría y mariposas que nos brinden su belleza.
Pero si algún día ves que ya no sigo, no sonrío o callo, acércate y dame un beso, un abrazo o regálame una sonrisa; con eso será suficiente.
Seguramente, me habrá pasado que la vida me abofeteó y me sorprendió por un segundo.
¡Ese gesto hará que vuelva a seguir mi camino.
Nunca lo olvides
Autor: Anónimo
Un abrazo. Una sonrisa. Un beso. Un gesto pequeño capaz de recordarle que no está solo y que no tiene que ser fuerte todo el tiempo.
Quizá la esperanza también funcione así: algunas veces nace de nosotros y otras veces llega desde alguien que, al vernos cansados, decide quedarse un rato a nuestro lado.
Seguir adelante no siempre es una hazaña individual.
A veces es simplemente saber que, si un día no podemos hacerlo solos, alguien nos ayudará a volver a caminar.
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