Dejarse inmovilizar por el pasado: volver a vivir el presente

Una fotografía puede permanecer intacta durante décadas. Lo que ocurrió en ella, en cambio, pertenece a otro tiempo.

Nosotros seguimos avanzando, pero algunas heridas parecen tener la capacidad de quedarse quietas mientras todo lo demás cambia. Volvemos mentalmente a una conversación, una pérdida, una injusticia o una decisión que desearíamos haber tomado de otra manera. Y cada regreso puede hacer que aquello vuelva a ocupar un lugar demasiado grande en nuestra vida actual.

El pasado merece ser recordado. Puede enseñarnos, advertirnos, ayudarnos a comprender quiénes fuimos y por qué llegamos hasta acá. El problema comienza cuando deja de ser memoria y se convierte en residencia.

Dejarse inmovilizar por el pasado

Muchas personas dicen que no pueden disfrutar del día de hoy
a causa de algo que sucedió en el pasado.

Como antes no hicieron algo, o no lo hicieron de cierta manera,
no pueden vivir plenamente el ahora.

Como ya no tienen algo que tuvieron,
no pueden disfrutar del presente.

Porque en el pasado alguien los hirió,
ahora no quieren aceptar el amor.

Como una vez que se comportaron de cierta manera
les sucedió algo desagradable,
están seguros de que volverá a sucederles si actúan de ese modo.

Porque una vez hicieron algo de lo cual se arrepienten,
se consideran para siempre malas personas.

Alguien les hizo una mala pasada en una ocasión,
y ahora están seguros de que su vida no es
lo que ellos quisieran por culpa de aquella persona.

Porque en el pasado una situación los indignó,
ahora se aferran virtuosamente a aquella indignación.

Debido a alguna antigua experiencia en se sintieron maltratados,
jamás han querido perdonar ni olvidar.

Lo que muchas veces nos negamos a reconocer
es que aferrarnos al pasado,
haya sido lo que haya sido y por más terrible que fuera,
sólo sirve para hacernos daño.

A «ellos» en realidad no les importa, y por lo común,
ni siquiera se dan cuenta.

Si nos negamos a vivir plenamente el momento presente,
sólo nos hacemos daño a nosotros mismos.

El pasado pasó, pertenece al ayer y no es posible cambiarlo.

Este momento es el único en que podemos vivir.

Hasta cuando nos quejamos del pasado,
nuestro recuerdo de él se da en el presente,
y en el proceso nos estamos perdiendo la verdadera
vivencia de este momento.

Autor: Louise Hay

Louise Hay plantea una pregunta que incomoda por su sencillez: ¿qué estamos haciendo hoy con algo que ya no podemos modificar?

Perdonar no borra lo sucedido. Tampoco convierte en correcto aquello que nos hizo daño. Soltar puede significar algo mucho más concreto: dejar de permitir que una experiencia terminada continúe tomando decisiones por nosotros.

El presente no tiene la obligación de pagar las deudas del pasado.

Cada día ofrece un territorio que todavía no fue vivido. Allí podemos elegir de otra manera, conocer personas nuevas, aceptar afectos, equivocarnos de nuevo, aprender algo distinto o simplemente disfrutar de un momento que no se parece en nada a aquel que alguna vez nos lastimó.

El ayer puede explicar muchas cosas.

Pero no debería tener la última palabra sobre nuestro hoy.


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