Huellas del beso habla de algo que muchas veces descubrimos al volver a enamorarnos: ningún encuentro comienza completamente desde cero. Llegamos a cada nueva historia llevando recuerdos, heridas, ilusiones y experiencias que siguen formando parte de nosotros.
El beso se convierte así en mucho más que un gesto de amor. Puede despertar aquello que creíamos olvidado y traer al presente emociones que pertenecen a otros momentos de nuestra vida.

Huellas del beso
No sé por qué tus labios me despiertan
besos lejanos que jamás me diste;
no saben desterrarlos, o no aciertan
a dejarlos dormir. Cuando viniste,
rozándome la carne, de puntillas,
nadie te vio, nadie escuchó tu paso,
sino un temblor ligero en mis rodillas,
trémulo de enfrentarme a otro fracaso.
Cuántas veces idéntico sendero
nos conduce a dispares objetivos,
y en el nuevo, no vemos que el primero
aún nos mantiene en su poder cautivos.
Y no sirve pensar que lo pasado
pasado está, que nunca ha de volver;
ayer, más que un diseño ya borrado,
es espectro que vuelve a aparecer
Y así fluye la vida, una amalgama
de incidentes que fueron, y que son,
que no se desvanecen; una trama
de dolores, de olvidos, de ilusión;
como rosa que cada primavera
asiduamente en el rosal florece,
nube inquieta, incesante viajera,
o estrella que a la aurora palidece.
Quizá tus besos son evocadores
de nube transeúnte, antigua rosa,
o estrella cuyos últimos fulgores
se extinguieron, y duerme silenciosa.
Hay tanto nuevo en cada beso, hay tanto
que arrastramos de antiguo, tanta vida,
tanto de gozo, soledad y llanto,
tanto de acogedor y despedida,
que un beso no es un beso solo, aislado,
es una larga historia enmarañada
aflorando a un presente arrebatado,
que abraza todo, y que no olvida nada.
Autor: Francisco Álvarez
Quizás por eso un beso puede conmovernos de una manera inesperada. No solamente sentimos lo que está ocurriendo en ese instante; también podemos sentir todo aquello que ese instante despierta.
El pasado no siempre desaparece. Algunas experiencias dejan huellas que reaparecen cuando menos lo esperamos, no necesariamente para hacernos daño, sino para recordarnos todo lo que hemos vivido y cuánto de esa historia todavía forma parte de quienes somos.
Porque, como sugiere el poema, hay encuentros que parecen nuevos, pero llegan acompañados por una larga historia que todavía llevamos dentro.
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