Para ti que amas está escrito como un recordatorio de algo que puede perderse de vista en medio de la rutina: amar también significa reconocer a quien está del otro lado.
El texto recorre diferentes estados emocionales, la pasión, los sueños, la angustia, el insomnio, la soledad y la felicidad, para mostrar que compartir la vida no consiste únicamente en estar juntos cuando todo marcha bien. También implica saber que existe alguien con quien podemos llevar nuestras preocupaciones, nuestros secretos y aquello que a veces no sabemos cómo expresar.

Para ti que amas
Cuando en tu corazón se abra, llena de vida, la flor perfumada del amor, recuerda que alguien la plantó un día dentro de ti.
Cuando el fuego de la pasión queme tu corazón, consumiendo todas tus fibras en la inmolación del placer, recuerda que alguien encendió esa llama.
Cuando tu corazón esté bordado de sueños dorados, tejidos con hilos de luz de luna, recuerda que alguien coloreó tu mundo interior.
Cuando la noche te encuentre con el corazón partido y angustiado por las amarguras recogidas en el día, recuerda que hay alguien esperándote con el pañuelo en la mano.
Cuando el insomnio te haga dar vueltas desesperadamente en la cama, recuerda que alguien puede sembrar sueños de paz en tu mente.
Cuando la soledad te oprima y tu grito no encuentre eco, recuerda que allá, del otro lado, alguien ama tu compañía y entiende tu clamor.
Cuando tus secretos no quepan más dentro de ti, amenazando romper los diques de tu alma, recuerda que existe alguien dispuesto a recogerlos y guardarlos con el cariño y la dignidad que tú esperas.
Cuando en tu corazón habite el azul del cielo, la calidez del sol, el gorjeo de los pájaros, el perfume de las flores, la nostalgia del atardecer, el encanto de las mañanas, la serenidad de los lagos y la sonrisa de la ventura, recuerda que alguien ha tocado tu corazón con la varita milagrosa del amor.
¡TÚ, que amas y vives en el contradictorio mundo del arco iris y de la oscuridad, de la calma y de la agitación, de la paz y de la inestabilidad, sabe que existe alguien más que habita en tu planeta!
En las horas felices, comparte con ella tus sonrisas, en las horas de soledad, ve, levántate y búscala dondequiera que esté.
¡NO mires el reloj! ¿Qué importan las horas? La vida es tan corta, no hay tiempo que perder!
Tú que amas, si tienes el coraje y la sencillez de hacerlo así, abre tus labios y canta el milagro del amor, porque sólo el «amor» aproxima a las personas y hace que hablen el mismo lenguaje…
La compañía adquiere su verdadero valor cuando no se limita a los momentos fáciles. Tener a alguien que pueda escuchar nuestras preocupaciones, celebrar nuestras alegrías y permanecer cerca cuando las palabras no alcanzan es una de las formas más profundas de afecto.
Pero el texto también propone algo activo: buscar al otro. No esperar siempre a que sea quien dé el primer paso, sino acercarnos, compartir una sonrisa, contar aquello que nos pasa y hacerle saber que su presencia también importa.
La vida, efectivamente, no se detiene para que encontremos el momento perfecto. Cuando existe amor, muchas veces lo más valioso que podemos hacer es dejar de esperar y acercarnos.
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