La felicidad rara vez se sostiene solamente sobre aquello que ocurre a nuestro alrededor. Las circunstancias pueden favorecerla, complicarla o ponerla a prueba, pero existe una parte de nuestra vida que permanece bajo nuestra responsabilidad: la manera en que pensamos, sentimos, actuamos y elegimos relacionarnos con los demás.
Este relato convierte esa idea en una enseñanza sencilla. Dos cofres guardan el secreto: la mente y el corazón. Entre ambos se construye una especie de brújula para atravesar la vida sin quedar atrapados en la comparación, el resentimiento, la falta de confianza o el deseo de poseer aquello que pertenece a otros.
Pero lo más valioso de esta propuesta aparece cuando pensamiento y acción dejan de caminar por separado. Decirse valioso no alcanza si nuestras decisiones contradicen esa convicción. Creer que somos capaces requiere animarnos a intentar. Sentir cariño implica expresarlo. Perdonar supone soltar aquello que, de otro modo, continúa ocupando un lugar dentro de nosotros.
La felicidad que plantea este texto no parece depender de una vida sin obstáculos. Depende de la persona que decidimos ser mientras los atravesamos.

El secreto para ser feliz
Un sabio, al ver la sencillez y la pureza de un niño, le dijo:
«A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención.
Son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son:
MI MENTE Y MI CORAZÓN.
El gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida».
«El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes.»
«El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer: Este paso se llama autoestima alta.»
«El tercer paso, es que debes poner en practica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación.»
«El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas.»
«El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te deja ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, y tú perdona y olvida.»
«El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor.»
«El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.»
«Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices… «
Aplica estos pasos y verás que fácil es SER FELIZ!!
El secreto que propone este relato no está realmente escondido. Está expuesto en cada una de las decisiones que tomamos cuando nadie nos obliga a actuar de una determinada manera.
La autoestima se vuelve verdadera cuando dejamos de pedirle permiso al mundo para reconocer nuestro propio valor. La motivación adquiere sentido cuando aquello que pensamos de nosotros encuentra una expresión concreta en nuestras acciones. El perdón deja de ser una palabra amable cuando conseguimos liberar nuestro presente de una historia que ya no podemos modificar.
También existe una enseñanza importante en la comparación. Mirar permanentemente hacia la vida ajena puede hacernos perder la nuestra. Siempre habrá alguien que tenga más, que llegue antes, que consiga aquello que nosotros todavía estamos intentando alcanzar. Convertir esas diferencias en una medida de nuestro propio valor es una manera segura de vivir sintiéndonos insuficientes.
Nuestra vida merece objetivos propios.
Y, sobre todo, merece coherencia. No podemos construir una felicidad duradera mientras alimentamos el rencor, la envidia, el desprecio o la violencia y al mismo tiempo esperamos encontrar paz dentro de nosotros.
La mente puede mostrarnos un camino, pero el corazón necesita acompañarlo. Y ambos necesitan de nuestras acciones para que esas ideas se conviertan realmente en una forma de vivir.
Tal vez el verdadero secreto consista en algo bastante menos misterioso de lo que imaginamos: hacer que aquello que creemos, aquello que sentimos y aquello que hacemos empiece a parecerse cada vez más.
Cuando esa distancia se acorta, también cambia nuestra manera de estar en el mundo.
Y entonces la felicidad deja de ser solamente algo que buscamos.
Se convierte en algo que construimos.
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