Cuatro secretos para ser feliz

Protegerse puede convertirse en una forma muy sofisticada de renunciar.

Levantamos defensas después de una decepción, aprendemos a desconfiar después de una traición y empezamos a llamar prudencia a todo aquello que, en realidad, nace del miedo. Así vamos construyendo una versión de nosotros mismos que parece más segura, pero que también puede volverse inaccesible para el amor, para los sueños y para las oportunidades que alguna vez deseamos.

El problema no está en tener miedo. El miedo forma parte de nuestra capacidad para reconocer los riesgos. Lo verdaderamente peligroso ocurre cuando consigue convencernos de que no intentar es lo mismo que estar a salvo.

Este texto propone desmontar esa protección pieza por pieza. Mirar hacia adentro para descubrir qué queremos realmente, recuperar la confianza en nuestras propias capacidades y dejar de utilizar la cautela como una excusa para permanecer inmóviles.

Porque ningún sueño puede crecer encerrado bajo llave. Para hacerlo realidad necesitamos algo mucho más difícil que imaginarlo: atrevernos a quedar expuestos a la posibilidad de fracasar.

Cuatro secretos para ser feliz

Lo que más deseamos en la vida es la felicidad. Pero en ocasiones saboteamos nuestros esfuerzos para alcanzarla.
La felicidad no es un destino a donde se llega, sino es la manera de caminar por la vida. Sin embargo, de manera extraña, en el trayecto podemos tropezar con dos problemas graves: algunos seres humanos tienen miedo de ser felices y muy pocos saben exactamente qué desean.
Si quieres vencer estos dos obstáculos y pertenecer al selecto grupo de gente feliz, te sugerimos seguir cuatro pasos para lograrlo.

Desmantela tu armadura

Con frecuencia tememos ser felices y saboteamos nuestras ilusiones porque pensamos que no merecemos la felicidad y nos da miedo tratar de alcanzarla.
La forma más sencilla y frecuente de protegernos y mantenernos a salvo es construir una armadura de acero en la que encerramos nuestros sueños y deseos para que nadie pueda alcanzarlos ni destruirlos. Y, por supuesto, el resultado es que jamás damos un solo paso para hacerlos realidad.
Acepta que al reprimir tus sueños no los proteges, sino que impides que se realicen. Haz esfuerzos verdaderos para convertirlos en realidad. Esta decisión te puede llevar a correr algunas desilusiones y desengaños; pero también te llevará a éxitos que de otra manera no lograrías jamás.

Conéctate con los deseos de tu corazón

Haz una cita contigo mismo para explorar cuáles son los sueños y los deseos que duermen en el fondo de tu corazón. Considérala y trátala como la cita más importante de tu vida.
Si lo consideras necesario, asiste a ella con libreta y pluma en mano.
Anota cuanta idea se te ocurra sobre lo que deseas, aunque te parezca absurda.
Cuando no tenemos idea de cuáles son nuestras metas en la vida ni sabemos cómo alcanzarlas, es una buena idea ayudar al cerebro a realizar esta exploración.
Lo importante es que logres conectarte con lo que tu corazón anhela realmente y que llegues a vislumbrar los diferentes caminos por medio de los cuales podrías alcanzarlo. De este modo, te será más fácil empezar a dar los pasos necesarios para convertir ese sueño en realidad.
Los esfuerzos que hagas llenarán de interés tu vida y te harán probar las primeras mieles de la felicidad.

Reconoce tu propio poder

Todos somos mental y físicamente capaces de hacer lo que nos proponemos; los límites los ponen nuestro miedo y nuestra imaginación. Y todos merecemos el éxito, como merecemos el amor y la felicidad.
Desafortunadamente, para muchos es más fácil decir no puedo; y todos solemos creer en nuestras propias palabras. Así que para conquistar la felicidad, empieza a practicar una actitud positiva, a fomentar la confianza en ti mismo y a decir sí puedo, a todos los retos que te vaya planteando la vida. Muy pronto descubrirás que puede hacer cosas de las que antes te sentías incapaz.

No tomes precauciones como pretextos

Algunos temores son buenos. Ser precavido y cauteloso es una virtud cuando se conduce un automóvil, se tienen hijos pequeños y se desea evitar cualquier tipo de accidente. Pero cuando el miedo te impide lanzarte en busca de tus sueños, ha llegado el momento de deshacerse de él.

En las decisiones importantes de la vida los temores y pretextos deben dejarse a un lado y debe imponerse el valor para correr ciertos riesgos, porque se necesita determinación para perseguir y alcanzar los grandes sueños. Para ser feliz hace falta honradez para seguir el camino correcto en su consecución y para no estropearla con la mentira o el egoísmo. Pero, ¿cómo sé en cada momento que estoy siendo honrado con las personas que realmente me importan? El problema que se nos plantea es el de reconocer el tipo de amor apropiado -cuál es la manera correcta de amar-, y distinguirla de un amor equivocado -que pueda terminar destruyendo aquello que uno ama.

Autor: Denis Derivet

Desarmar una armadura no significa quedar indefenso. Significa decidir qué defensas todavía necesitamos y cuáles seguimos llevando encima mucho después de que el peligro haya pasado.

Esa distinción puede cambiar una vida.

Una decepción no debería convertirse en una sentencia contra todos los vínculos futuros. Un fracaso no tiene por qué transformarse en la prueba definitiva de nuestra incapacidad. Y una experiencia dolorosa tampoco debería tener autoridad para decidir cuánto amor, entusiasmo o esperanza estamos autorizados a sentir de aquí en adelante.

Tampoco alcanza con repetirnos que podemos. La confianza verdadera se construye cuando esa afirmación empieza a tener correspondencia con nuestros actos: cuando hacemos esa llamada, presentamos ese proyecto, aprendemos aquello que nos falta, terminamos lo que empezamos o damos el primer paso hacia algo que durante demasiado tiempo permaneció únicamente en nuestra imaginación.

Los sueños necesitan espacio para equivocarse.

Y nosotros también.

Perseguir aquello que deseamos puede traer decepciones, pérdidas y caminos que debamos abandonar. Pero una vida completamente protegida de esas posibilidades también queda protegida de muchas de las experiencias que podrían darle sentido.

La felicidad no exige ganar todas las veces. Exige no abandonar nuestra propia vida por miedo a perder.

Tal vez el verdadero coraje consista precisamente en eso: bajar la armadura lo suficiente como para volver a sentir, mirar de frente nuestros deseos y caminar hacia ellos sin exigirle al futuro garantías que nadie puede ofrecer.


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