La felicidad suele presentarse como algo que está más adelante: después de alcanzar un sueño, de resolver un problema, de encontrar a la persona indicada, de conseguir aquello que todavía nos falta. Como si la vida recién pudiera disfrutarse cuando todas las piezas estuvieran finalmente en su lugar.
Pero tal vez la dicha no funcione de esa manera.
Hay una felicidad que no depende de que todo salga bien, sino de nuestra capacidad para reconocer aquello que ya nos sostiene. La naturaleza, los vínculos, la familia, nuestros propios logros y hasta esas pequeñas conquistas que nadie más conoce pueden convertirse en lugares donde volver cuando necesitamos recordar que la vida también está hecha de belleza.
El texto de Susan Polis Shutz propone justamente eso: no buscar la felicidad en un único destino, sino descubrirla en distintos espacios de nuestra existencia. Y, sobre todo, no perder de vista el más cercano de todos: nosotros mismos.

Jamás Renuncies a tus Sueños
Busca la dicha en la naturaleza
en lo bello de una montaña
en lo sereno del mar
Busca la dicha en la amistad
en el gozo de hacer cosas juntos
en el compartir y comprender
Busca la dicha en tu familia
en la estabilidad de saber
que a alguien le importas
en la fuerza del amor y la sinceridad.
Busca la dicha en ti mismo
en tu mente y tu cuerpo
en tus valores y tus logros.
Autor: Susan Polis Shutz
Uno de los grandes errores al pensar en la felicidad es imaginarla como un estado permanente. Como si ser feliz significara vivir sin tristeza, sin incertidumbre, sin pérdidas o sin días difíciles.
La vida no funciona así.
La dicha puede convivir con las preguntas que todavía no tienen respuesta. Puede aparecer incluso cuando un sueño se demora, cuando algo termina o cuando el camino obliga a empezar de nuevo. No elimina lo que duele, pero puede recordarnos que eso que duele tampoco es todo lo que existe.
Por eso resulta tan importante no renunciar a los sueños, pero tampoco dejar toda nuestra felicidad atada a su cumplimiento. Mientras caminamos hacia aquello que deseamos, hay una vida sucediendo alrededor: personas que queremos, lugares que nos conmueven, momentos que merecen ser guardados y una versión de nosotros mismos que también merece reconocimiento.
Tal vez la felicidad no consista en llegar finalmente a algún sitio, sino en no estar tan pendientes de la llegada que olvidemos mirar el paisaje.
Y en aprender, poco a poco, a reconocer la dicha cuando se presenta con sus formas más sencillas.
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