Ayúdame Señor: una oración sobre la paciencia y la confianza

Las nubes no anuncian que el sol haya desaparecido.

Sin embargo, cuando el cielo se oscurece durante demasiado tiempo, cuesta recordar que detrás de esa oscuridad continúa existiendo algo que no podemos ver.

“Ayúdame Señor” está escrito desde ese intervalo: ese momento en el que todavía no llegamos a la cima, los árboles aún no recuperaron sus hojas y la luz parece depender de una vela que se consume lentamente.

No se trata de pedir una vida sin obstáculos. La oración pide algo bastante más difícil: aprender a atravesarlos sin desesperarse por saber cuándo terminarán.

Aceptar que existen etapas que necesitan tiempo.

Reconocer los propios límites.

Y confiar incluso cuando el siguiente paso todavía permanece fuera del campo de visión.

Ayúdame Señor

Ayúdame Señor

Ayúdame Señor, a creer que detrás de las nubes está el Sol; que los desnudos árboles de otoño volverán a vestirse de hojas, si tengo la paciencia de esperar.

Ayúdame Señor, a comprender que para alcanzar la cima de la montaña hay que atravesar el largo valle. Que la vela difunde su luz a base de consumirse poco a poco.

Ayúdame Amado Señor, a desprenderme de las pretendidas seguridades que no puedo tener y que me hacen tan inseguro; ayúdame a comprender que mis temores aumentan mi inquietud y mi impaciencia.

Ayúdame Señor, a aceptar mis limitaciones. Confío en ti como un niño que se siente seguro en brazos de su madre. Ayúdame a caminar por donde no puedo ver sabiendo que tú estás ahí conmigo.

Autor: A. Pangrazzi

Existe una clase de fortaleza que no tiene nada de espectacular.

Consiste en esperar sin quedarse inmóvil. En continuar trabajando aunque el resultado todavía no aparezca. En aceptar que algunas respuestas necesitan madurar antes de poder ser comprendidas.

La paciencia no es resignación.

Esperar tampoco significa cruzarse de brazos.

El árbol atraviesa el invierno haciendo, en silencio, aquello que nosotros no podemos ver. La vela ilumina mientras se consume. La montaña no se acerca a quien la observa desde abajo: hay que recorrer el valle para llegar a ella.

Quizás nuestra dificultad esté, muchas veces, en querer saltarnos esa parte del camino.

Queremos la certeza antes de confiar. La respuesta antes de atravesar la pregunta. La cima antes del esfuerzo.

Pero la vida rara vez funciona de esa manera.

Hay aprendizajes que solamente aparecen después de haber recorrido el tramo que no queríamos recorrer.

Y cuando finalmente miramos hacia atrás, comprendemos que aquella espera que parecía vacía también estaba haciendo su trabajo.

No todo necesita resolverse hoy.

Algunas cosas solamente necesitan que les demos tiempo para convertirse en lo que todavía no alcanzamos a ver.


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