¿Dónde está Dios? Una reflexión sobre su presencia

La pregunta del título parece sencilla, pero detrás de ella puede esconderse una de las búsquedas más antiguas de la humanidad.

¿Dónde encontrar a Dios cuando todo marcha bien? ¿Y cuando nada parece tener sentido? ¿Está solamente en los lugares que asociamos con la fe, o también puede hacerse presente en aquello que consideramos demasiado cotidiano, demasiado doloroso o incluso demasiado imperfecto?

Este texto responde desde una perspectiva que amplía considerablemente ese territorio.

La ciudad y el silencio. La pobreza y la abundancia. El trabajo y el descanso. La alegría y la angustia. La fe y hasta la incredulidad.

No establece fronteras demasiado cómodas.

La propuesta consiste en mirar nuevamente alrededor y considerar que la presencia divina no depende necesariamente del escenario en el que nos encontremos, sino de una dimensión que permanece incluso cuando nosotros no conseguimos percibirla.

Esa es la promesa sobre la que descansa toda la reflexión: Dios no se ausenta porque nosotros no sepamos dónde buscarlo.

Dónde está Dios

¿Dónde está Dios?

En el silencio de la noche, ahí está Dios
En el bullicio de la ciudad, ahí está Dios
En la profundidad del océano, ahí está Dios
En lo más alto del cielo, ahí está Dios
En tus tristezas y penas, ahí está Dios
En tus alegrías y gozos, ahí está Dios
Cuando duermes, ahí está Dios
Cuando estás despierto, ahí está Dios
En la intimidad de tu hogar, ahí está Dios
En el ajetreo de tu trabajo, ahí está Dios
En los lugares más pobres, ahí está Dios
En los mejores hoteles y mansiones, ahí está Dios
En los corazones de aquellos que creen en El, ahí está Dios
En los corazones de quienes no creen en El, ahí está Dios
Pues tan alto, ancho e incomprensible es el amor de Dios
que aún en los lugares que no esperamos,
en aquellos que solamente vemos el mal,
en lugares tan remotos a la presencia del hombre
que ni siquiera imaginamos, ahí se encuentra Dios
pues fue su promesa: Yo estaré con ustedes siempre
hasta el fin del mundo»,
y puedes estar seguro que El la cumplirá
como hasta ahora.
Por eso sin importar tu situación, problemas,
necesidades o angustias, aunque
no veas claro y no sientas a Dios,
de una cosa puedes estar firmemente convencido:

AHÍ ESTA DIOS…a tu lado sosteniéndote.

Hay una diferencia importante entre sentirse acompañado y saber que alguien está ahí.

La primera depende de lo que podemos percibir. La segunda pertenece al territorio de la confianza.

Por eso este mensaje puede resultar especialmente cercano en los períodos en los que la fe no produce respuestas inmediatas. Existen momentos en los que rezamos y no sentimos alivio, buscamos señales y no aparecen, pedimos claridad y seguimos caminando a oscuras.

Eso no necesariamente significa que la presencia que buscamos haya desaparecido.

También forma parte de la experiencia espiritual aprender a convivir con aquello que no podemos comprobar con los sentidos.

Una madre que acompaña a su hijo mientras duerme no necesita despertarlo para demostrarle que está allí. Una persona puede sostenernos incluso sin decir una palabra. Del mismo modo, para quien cree, la presencia de Dios no queda anulada por el silencio.

Quizá por eso la respuesta del texto no depende de encontrar un lugar específico.

No está solamente arriba.

Ni adentro.

Ni lejos.

Está vinculada a una confianza mucho más profunda: que ninguna circunstancia consigue dejarnos completamente fuera del alcance del amor de Dios.

Y cuando no podamos sentirlo, cuando las respuestas tarden o el camino se vuelva confuso, esa certeza puede convertirse en una forma serena de continuar.


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