Que… una reflexión sobre la esperanza y la felicidad

Palabras que no pretenden enseñarnos cómo vivir. Se limitan a desearnos una vida más amable.

Este texto pertenece a esa clase de palabras. No promete que las tormentas desaparecerán ni asegura que todos los sueños encontrarán inmediatamente su camino hacia la realidad. Ofrece algo más delicado: el deseo de que, aun atravesando dificultades, podamos conservar la capacidad de creer, agradecer, comenzar otra vez y reconocer aquello que todavía permanece intacto dentro de nosotros.

Cada “que” funciona como una pequeña semilla. Una esperanza, una compañía, una posibilidad. Algunas miran hacia quienes nos quieren; otras hacia nuestros propios sueños. Todas apuntan hacia una misma dirección: no permitir que las dificultades nos hagan olvidar que todavía podemos esperar algo hermoso del día siguiente.

Que…

Que sepas, en tu corazón, que
hay otros que nunca te olvidan.

Que siempre encuentres un arco iris
después de una tormenta.

Que celebres las cosas maravillosas que hay en ti.
Y cuando llegue el mañana, que puedas comenzar de nuevo.

Que recuerdes cuántas sonrisas
pueden llenar un día.

Que creas que tus anhelos serán una realidad.

Que encuentres tiempo
para apreciar la vida y tiempo para compartir tu belleza espiritual.

Que veas tu presente como un regalo, y tu futuro como otro más.

Que agregues una página dorada al diario de cada nuevo día, y que puedas convertir

«La felicidad eterna»
en eterna felicidad.

Y que siempre sigas sembrando
las semillas de tu sueños.

Porque si sigues creyendo en ellos, tus sueños seguirán tratando de florecer en ti.

Autor: Collin Mc Carty

Guardar un sueño no significa vivir esperando que el mundo se acomode para cumplirlo. Significa conservar dentro de nosotros una dirección, una posibilidad que todavía nos mueve y nos recuerda que nuestra historia no está completamente escrita.

También necesitamos recordar que no todo depende de alcanzar aquello que imaginamos. Parte de la esperanza consiste en aprender a recibir el presente mientras seguimos mirando hacia adelante. Una sonrisa compartida, una persona que nos acompaña, una mañana tranquila o la posibilidad de comenzar nuevamente pueden ser pequeñas formas de fortuna que pasan inadvertidas cuando estamos demasiado concentrados en lo que todavía falta.

El futuro se vuelve menos amenazante cuando dejamos de exigirle certezas.

Y el presente adquiere otra dimensión cuando conseguimos reconocerlo como un regalo en lugar de tratarlo únicamente como una estación de paso hacia algo mejor.

Tal vez por eso la imagen de las semillas resulte tan acertada. Una semilla no tiene garantías. Necesita tiempo, cuidado y condiciones que no siempre puede controlar. Pero contiene una posibilidad que todavía no vemos.

Nuestros sueños se parecen bastante a ellas.

Algunos florecerán exactamente como los imaginamos. Otros cambiarán de forma. Algunos tendrán que esperar. Y quizá alguno deba ser reemplazado por otro que todavía no conocemos.

Lo importante es no dejar de sembrar.

Porque mientras una persona conserve la capacidad de imaginar un mañana distinto, todavía queda dentro de ella algo que quiere crecer.


Descubre más desde Elixires para el Alma

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Scroll al inicio