Ojos habla de la mirada como uno de los recuerdos más profundos que puede dejarnos una persona. El poema recorre distintas versiones de esos ojos —tristes, alegres, dulces, sufrientes, enamorados— como si cada una guardara una parte de una historia compartida.
Pero también aparece el temor a perder algo que parece imposible de olvidar: el color de esos ojos y todo lo que significaron.

Ojos
Y le rezo a tus ojos,
a tus ojos míos,
a los lejanos,
a los tristes,
a aquellos que se quedaban en horizonte
y no volvían,
a los sufrientes,
a los alegres,
a los dulces y chispeantes,
a los que me amaron y dejaron de hacerlo…
Hoy le rezo a tus ojos,
en oración suplicante,
de rodillas,
humillado,
simplemente para
que el Tiempo no
me deje estragado
y sin poder recordar su color que
es el de mi esencia…
Autor: Juan José Mestre
Hay recuerdos que no conservamos solamente con la memoria. Quedan ligados a una mirada, una voz, un gesto, una manera particular de estar frente a nosotros.
Por eso el poema no le teme únicamente al olvido de una persona, sino al olvido de un detalle que parece contenerla entera.
Quizás todos tengamos alguna mirada que permanece dentro nuestro mucho después de que la historia terminó. Porque algunas personas se van de nuestra vida, pero dejan en nosotros una forma de mirar que el tiempo no consigue borrar.
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