Canción hacia adentro propone una manera distinta de pensar la presencia de alguien amado. Desde el primer verso, la voz del poema pide algo paradójico: “¡No me recuerdes! ¡Siénteme!”. No busca ocupar la memoria del otro, sino permanecer en un lugar más profundo, donde el vínculo no dependa de la distancia ni de la evocación.
Las imágenes de ríos, playas, pájaros, viento y arcoíris construyen un paisaje compartido, casi íntimo, en el que dos personas parecen encontrarse más allá de lo visible.

Canción hacia adentro
¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
Hay sólo un trino entre tu amor y mi alma.
Mis dos ojos navegan
el mismo azul sin fin donde tú danzas.
Tu arco iris de sueños en mí tiene
siempre pradera abierta entre montañas.
Una vez se perdieron mis sollozos,
y los hallé, abrigados, en tus lágrimas.
¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
Un ruiseñor nos tiene en su garganta.
Los ríos que me traje de mis riscos,
desembocan tan sólo por tus playas.
Hay confusión de vuelos en el aire…
¡El viento que nos lleva en sus sandalias!
¡No me recuerdes!, ¡Siénteme!
Mientras menos me pienses, más me amas.
Hay vínculos que dejan de necesitar palabras para seguir existiendo. Una persona puede estar lejos y, sin embargo, permanecer en nuestra manera de sentir, de mirar un paisaje o de interpretar una canción.
El poema lleva esa idea hasta el final: “Mientras menos me pienses, más me amas.” No se trata de olvidar, sino de alcanzar una forma de presencia que ya no necesita ser convocada constantemente.
El amor más profundo no siempre reclama espacio en nuestros pensamientos. A veces simplemente se vuelve parte de nosotros.
Descubre más desde Elixires para el Alma
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


