Cuando lejos, de Julio Flórez, nace de una situación que puede parecer contradictoria: la distancia separa físicamente a dos personas, pero también puede intensificar la necesidad de sentirse cerca.
El poema convierte esa distancia en un lenguaje propio. Los suspiros viajan sobre las olas, las oraciones llegan con las golondrinas, los besos encuentran las alas de la brisa y las palabras terminan transformándose en un canto bajo las estrellas.

Cuando lejos
Cuando lejos, muy lejos, en hondos mares
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares,
mándame ese suspiro sobre las olas.
Cuando el sol, con sus rayos desde el oriente,
rasgue las blondas gasas de las neblinas,
si una oración murmuras por el ausente,
deja que me la traigan las golondrinas.
Cuando pierda la tarde sus tristes galas,
y en ceniza se tomen las nubes rojas,
mándame un beso ardiente sobre las alas
de las brisas que juegan entre las hojas.
Que yo, cuando la noche tienda su manto,
yo, que llevo en el alma sus mudas huellas,
te enviaré con mis quejas un dulce canto
en la luz temblorosa de las estrellas!
Autor: Julio Florez
Cuando alguien está lejos, los gestos cotidianos adquieren otro valor. Una palabra, un recuerdo o una canción pueden convertirse en pequeñas formas de acercamiento cuando no podemos compartir el mismo espacio.
Flórez transforma los elementos de la naturaleza en mensajeros de un amor que se niega a aceptar la distancia como separación absoluta. El mar, el viento, las aves y las estrellas funcionan como caminos imaginarios entre dos personas que siguen buscándose.
Y hay algo hermoso en esa idea: cuando no podemos acercarnos físicamente, el afecto encuentra otras maneras de viajar.
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