Solo el amor es real propone detenernos por un momento frente a todo aquello que solemos considerar importante. El dinero, el reconocimiento, las posesiones y la necesidad de aprobación pueden ocupar tanto espacio en nuestra vida que terminamos olvidando algo esencial: los vínculos que construimos y la huella que dejamos en los demás.
Brian Weiss plantea una mirada espiritual sobre aquello que permanece cuando lo material deja de tener importancia. Más allá de compartir o no todas sus creencias, su reflexión invita a preguntarnos qué estamos poniendo en el centro de nuestra vida y qué cosas realmente nos dan paz.

Solo el amor es real
En nuestra vida terrenal
es difícil recordar que somos almas
y no simples cuerpos físicos.
Constantemente nos distraen,
las ilusiones y desilusiones de este mundo.
Nos enseñan que el dinero y el poder,
el prestigio y las posesiones materiales son de suma importancia
y a veces incluso el motor de nuestras vidas.
Nos enseñan que para ser felices
tenemos que lograr que los demás
nos aprecien y nos respeten.
Estar solos, nos dicen,
es ser desgraciados.
En realidad somos seres inmortales
que nunca se separan energéticamente
de los que aman… tenemos almas gemelas
y familias espirituales que son eternas!!!
Los espíritus guardianes nos guían y nos aman siempre
nunca estamos solos.
Al morir no nos llevamos
las cosas que poseemos;
nos llevamos nuestros actos y nuestras obras,
los frutos de la sabiduría alcanzada por nuestro corazón.
Cuando despertamos a la idea
de que somos seres espirituales,
cambian nuestros valores
y por fin podemos ser felices y estar en paz.
Autor: Brian Weiss
Quizás una de las preguntas más valiosas que deja este texto sea muy sencilla: ¿qué quedaría de nuestra vida si pudiéramos quitar por un momento todo lo que tenemos y todo lo que los demás piensan de nosotros?
Quedarían nuestros afectos, nuestras experiencias, las personas que amamos y también la manera en que hicimos sentir a quienes estuvieron a nuestro lado.
Tal vez ahí encontremos una medida diferente de la felicidad: no en cuánto conseguimos acumular, sino en cuánto amor fuimos capaces de dar, recibir y dejar en nuestro camino.
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