En ocaciones, buscamos en la Amistad una solución a nuestros problemas, cuando en realidad, lo que encontramos es un lugar donde ser nosotros mismos. La amistad no es una herramienta de salvación, sino una estructura de sostén. Este poema nos invita a detenernos y valorar esos «puertos» en nuestra vida; no aquellos que nos quitan las tormentas, sino los que nos dan la calma necesaria para atravesarlas con dignidad. Es una invitación a mirar a nuestro amigo no como un medio, sino como el espejo donde, por fin, nos atrevemos a vernos valiosos.

Mi Amigo
Mi amigo es un puerto donde pasar tormentas.
Un oasis verde en mitad de mis desiertos.
Mi amigo es un valle repleto de flores
donde yo busco el color y el aroma de la vida.
Mi amigo es a veces un silencio inexplicable
que debo aprender a respetar.
Mi amigo es una cumbre desde donde puedo mirar sin caerme.
Mi amigo es el pozo mullido donde caigo sin golpearme.
No pueden impedir que uno sufra;
no pueden reemplazar a la madre ni al padre;
no pueden confundirse ni con el amante ni con el hijo,
no evitan que uno cometa errores; no impiden que el amor duela,
ni aseguran que el amor ame…
Los amigos solamente hacen que el espejo
nos devuelva la imagen de alguien capaz de ser amado.
Los amigos solamente hacen que la vida valga la pena ser vivida.
Autor: Aida Bornik
Al concluir la lectura, queda una verdad latente: la grandeza de un amigo no reside en su capacidad de evitarnos el dolor, sino en su capacidad de sostenernos mientras lo sentimos. Ser amado por alguien es el recordatorio más potente de nuestra propia valía. Te invito a que hoy no solo agradezcas a esos puertos y oasis en tu vida, sino que intentes, con la misma humildad y respeto, convertirte tú mismo en ese espejo donde otro pueda ver su propia luz.
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