La mejor parte del cuerpo: el amor y la compañía

¿Para qué sirve un hombro?

La pregunta parece casi absurda. Sabemos qué hacemos con nuestros ojos, nuestras manos, nuestros oídos o nuestras piernas. Cada parte del cuerpo tiene una función que podemos reconocer fácilmente.

Pero esta historia propone mirar la pregunta desde otro lugar.

No desde aquello que nuestro cuerpo nos permite hacer a nosotros, sino desde aquello que podemos ofrecerle a otra persona.

A través de una conversación que atraviesa los años, una madre espera pacientemente que su hijo descubra una respuesta que no se encuentra en ningún libro de anatomía. Porque algunas de las cosas más importantes que podemos hacer por quienes queremos no requieren palabras, soluciones ni grandes gestos.

A veces requieren simplemente estar.

La Mejor parte del Cuerpo

La mejor parte del cuerpo

Un día mi madre me preguntó cual era la parte más importante del cuerpo.
A través de los años trataría de buscar la respuesta correcta.

Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije:
-Mis oídos, Mamá.

Ella dijo:
-No, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo.

Varios años pasaron antes de que ella lo hiciera. Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta.

Y es así que le dije:
-Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos.

Ella me miró y me dijo,
-Estas aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aún sin sus ojos.

Continué pensando cual era la solución. A través de los años, mi madre me preguntó un par de veces mas, y ante mis respuestas la suya era:
-No, pero estás poniéndote más inteligente con los años, pronto acertarás.

El año pasado, mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto sobre todo porque fue la segunda vez que lo vi llorar.

Mi madre me miraba cuando fue el momento de dar el adiós final al abuelo. Entonces me preguntó,
– No sabes todavía cual es la parte más importante del cuerpo, hijo?.

Me asusté cuando me preguntó justo en ese momento. Yo siempre había creído que ese era un juego entre ella y yo.

Pero ella vio la confusión en mi cara y me dijo,
– Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y te he dicho por que.
Pero hoy es el día en que necesitas saberlo.
Ella me miraba como solo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas, y la abracé.

Fue entonces cuando apoyada en mi, me dijo,
-Hijo, la parte del cuerpo más importante es tu hombro.

Le pregunté,
-¿Es porque sostiene mi cabeza?
Ella respondió,
-No. Es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora.

Todos necesitamos un hombro para llorar algún día en la vida, hijo mío.

Yo sólo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito del tuyo.

Un hombro puede sostener mucho más que una cabeza

Puede sostener un duelo, una despedida, una decepción, una noche difícil. Puede recibir lágrimas sin preguntar cuánto van a durar ni exigir que se detengan.

Y quizá ahí esté la belleza de esta pequeña historia: nos recuerda que acompañar a alguien no siempre significa saber qué decir. Muchas veces, lo más valioso que podemos ofrecer es nuestra presencia.

Todos vamos a necesitar alguna vez ese lugar donde poder bajar la guardia. Y todos, en algún momento, tendremos la oportunidad de convertirnos en ese lugar para otra persona.

No hace falta arreglar el dolor ajeno.

No hace falta tener respuestas.

A veces alcanza con acercarnos, abrir los brazos y dejarle saber al otro que puede llorar tranquilo.

Porque cuando alguien encuentra un hombro en el momento en que más lo necesita, descubre algo que ninguna palabra podría explicar mejor: no está solo.


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