Quiero decirte madre: Un canto a la pureza y la esencia del hogar

En la sección Hogar, buscamos el lenguaje que define nuestro refugio interior, ese que es «lo mismo que tú eres». El poema «Quiero decirte madre» de Ma. Emilia Peña Castellanos nos invita a desvelar el misterioso lenguaje de las almas, que fluye en el centro de la familia y es el origen de nuestro bienestar.

La obra es un intento poético de contener la plenitud de la madre: su pureza, su ternura y, sobre todo, su ciencia sublime no enseñada. Ella es el recipiente de la vida serena, que nos nutre cuando el mundo nos confronta con el dolor. Este texto es un faro de paz interior y fuerza espiritual, recordándonos que el Hogar es donde reside la verdad más simple y profunda de nuestro ser.

Quiero decirte madre

Quiero decirte madre

Quiero decirte, madre, el más hermoso
poema de mi vida.
Un poema que tenga el misterioso
lenguaje de las almas.
Quiero decirte mi poema santo,
rimado en suavidades de tus besos
y ungido en humedades de tu llanto.

Quiero hacer mi poema
de tal modo
que sea
lo mismo que tú eres,
que te contenga en todo,
que encierre tus benditas plenitudes:
Plenitud de cariño, plenitud de blancura;
que tenga la ternura
que tuvieron tus brazos al mecerme,
que tenga la pureza de tus ojos
y el milagro plateado de tus sienes.

Quiero decirte, madre, mi poema,
aquél que tú adivinas sin que yo lo pronuncie,
porque es como una parte de mi vida,
de mi vida tan simple y tan pequeña;
y bien puede decirse sin decirse;
y bien puede escucharse sin oírse;
Tú que sabes de todos los dolores,
dame a beber el agua de tu vida serena,
y mientras digo quedo… muy quedo, mi poema,
aquél que tiene incienso de tus rezos,
tómame entre tus brazos nuevamente
y cubre la ignorancia de mi frente
con la ciencia sublime de tus besos.

Autor: Ma. Emilia Peña Castellanos

La obra de Ma. Emilia Peña Castellanos destaca la serenidad y la sabiduría intuitiva que solo una madre posee. Este conocimiento, llamado la «ciencia sublime de tus besos», es la clave para hallar la paz interior y la fuerza espiritual ante los dolores de la vida.

Al buscar contener a la madre «en todo» en el poema, la autora nos enseña que la esencia del Hogar es esa plenitud incondicional. El verdadero optimismo se encuentra en esa conexión que «bien puede escucharse sin oírse», recordándonos el poder del afecto puro y eterno que nos protege de la tristeza. El poema consolida la idea de que la paz y el conocimiento del Hogar son una herencia del alma que permanece inquebrantable.

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